Una debacle anunciada en el Deportivo Cali
Líos de directivos, estado emocional, indisciplina y falta de liderazgo mandaron al Cali al precipicio.
La eliminación del Deportivo Cali en la liga colombiana estaba más que anunciada. No se podía esperar nada de un equipo que emocionalmente venía reventado, con fracturas internas en el cuerpo de los directivos apenas en el comienzo de su administración y hasta en el grupo de jugadores, donde hay presuntamente cuatro bandos distintos.
La debacle del Cali obedece a una suma de circunstancias que poco a poco fueron haciendo mella y, al final, desvelaron que el equipo nunca tuvo un líder, una cabeza capaz de conducir un proceso que en el papel pintaba bien.
La génesis de este fracaso fue evidentemente el enfrentamiento entre Álvaro Martínez y María Clara Naranjo, los más altos directivos del equipo. La salida de la empresaria vallecaucana causó caos e incertidumbre y les mandó al piso los ánimos a muchos de los jugadores, particularmente a algunos que dependían económicamente de ella. El futuro financiero del club parecía quedar en el limbo.
La salida del técnico Leonel Álvarez no fue oportuna. Si bien los resultados no lo avalaban para mantenerse en el banco, no era el momento de prescindir de sus servicios y menos soltarle semejante responsabilidad a un entrenador inexperto como Héctor Cárdenas, al que le quedaba prácticamente imposible sacar del hueco a un grupo de jugadores derrotados anímica y futbolísticamente, como efectivamente sucedió.
Personas cercanas al plantel afirman que en el equipo hay hasta cuatro bandos distintos que, por supuesto, no permiten encauzar los objetivos hacia un mismo fin. Se habla de fracturas internas y de enemistades dentro y fuera de la cancha.
Decía el miércoles Jorge Valdano, en un conversatorio en la ciudad, que “un equipo de fútbol es un estado de ánimo”. Qué frase más precisa para entender lo que es hoy este Deportivo Cali.

