El ‘Diablo negro’, le decían
Marlos Moreno inició la jugada por el sector derecho. Vio que a su lado corría con más velocidad Víctor Ibarbo y le abrió la pelota para que pisara el área contraria. Ibarbo entró en diagonal en las 18, se frenó regateando la marca, enganchó hacia adentro y le devolvió el pase a Marlos, que estaba solitario con total libertad para rematar. Sin parar la pelota y con pierna derecha, Marlos venció al arquero del Peñarol, que poco pudo hacer ante el disparo ceñido al vertical izquierdo.
Cuando la pelota se anidó en el arco visitante, Marlos emprendió una carrera de 50 metros hacia la tribuna occidental del Atanasio, eludiendo —como lo hace con sus rivales— la euforia de sus compañeros que corrían a abrazarlo. Ese carrerón tenía un solo objetivo: celebrar con Eladio Tamayo. Su mentor. El hombre que lo descubrió a los 10 años en el barrio Manrique Oriental, de Medellín, y pronto lo puso a vivir en un mejor vecindario, alejándolo así de la tentación de la calle. El mismo que lo matriculó en la escuela de Leonel Álvarez y luego lo llevó al torneo Pony Fútbol, donde fue figura. Él ‘Diablo negro’, le decían. Por eso, Marlos solo quiso celebrar con Eladio. Y el que le dio fue un abrazo de gratitud. De esos que salen del alma.
El chico del Atlético Nacional tiene hoy 19 años y un futuro inmenso, cuyo camino empezó a transitar con autoridad. El 10 de septiembre del 2015 marcó su primer gol como profesional, contra el Deportivo Cali. Poco después demostró que aquello no fue un accidente y le anotó un doblete al Junior en Barranquilla. El 20 de diciembre del 2015 volvió a romper la red y le dio el título de la Liga al Nacional. En Copa Libertadores ha jugado tres partidos con los ‘verdes’ y en los tres ha marcado. Y ahora, como solo suelen hacerlo los grandes, ha dado el salto a la Selección Colombia de mayores. Una jugada maestra del técnico Pékerman, que se lo arrebató a la Preolímpica de ‘Piscis’ Restrepo.
El jueves pasado, cuando conoció su convocatoria para los juegos de Colombia frente a Bolivia y Ecuador, Marlos se declaró feliz. Y a una pregunta de una periodista, que por la alegría de su fútbol, su velocidad y sus goles, lo comparó con Asprilla, respondió con personalidad: “Yo soy Marlos Moreno y quiero ser más grande que el ‘Tino’”.
Hace bien Pékerman en darle la oportunidad. Porque este es el momento justo de Marlos. Por supuesto, hay que saberlo meter en el proceso, pero de eso sí que conoce el técnico argentino, curtido de trabajo con los juveniles. Ojalá que Marlos tenga un chance en La Paz o Barranquilla. Y ojalá que sepa asimilarlo si le dan minutos. Pero, sobre todo, ojalá que pueda correr a buscar nuevamente a Eladio Tamayo para darle un abrazo.

