Sin Naranjo también se puede

Publicado 15 mar 2016 author.prefix Poncho Rentería
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Vendrán días difíciles para el Deportivo Cali en materia económica tras la salida de María Clara Naranjo, pero, a mediano plazo, el retiro de la vicepresidenta es lo mejor que le pude pasar al equipo azucarero.

No es sano que una institución dependa casi en su totalidad de los recursos de una sola persona, por muy buen corazón que ella tenga y por más generoso que sea su bolsillo.

Un equipo de fútbol es una empresa y, como tal, debe gestionar su propia estructura de sostenimiento. Si lo que consigue son dos pesos, con ellos debe funcionar y no moverse en una economía impropia que tarde o temprano le pasará cuenta de cobro.

Según sus palabras, María Clara le ha regalado al Cali más de diez mil millones de pesos, además de otros cuatro mil que le prestó. Y si a eso sumamos que era ella quien pagaba los salarios de algunos miembros del equipo, cuyo monto es bastante alto, imagínense…

Es inocultable. La dueña del Ingenio San Carlos era una especie de chequera ambulante para el Cali, pero no por presiones ni peticiones de los demás miembros del Comité Ejecutivo, sino por iniciativa propia de María Clara. Si el equipo tiene hoy figuras de primer nivel es por cuenta de ella. Bastaban su deseo y su firma para traer un jugador.

¿Qué viene ahora? La respuesta es sencilla: es hora de hacer empresa. Lo que debió suceder hace rato. No estoy afirmando que el Cali no lo haya hecho. Por el contrario. Es quizás el club con mejor organización e infraestructura en el fútbol colombiano. Pero funcionó en los últimos años con una ‘naranjodependencia’ que ahora, tras la salida de María Clara, tiene al equipo preguntándose qué es lo que realmente posee.

Una institución como el Cali, con cien años existencia, más de mil socios y unos activos que muchos envidian, debe tener su propia estructura de sostenimiento económico. Debe depender exclusivamente de una gestión original y real construida por sus directivos, con ideas innovadoras y efectivas en el área de mercadeo.

Ese es el gran reto del Comité, ahora sin María Clara en la mesa directiva. No será fácil, por supuesto. Pero para eso fueron elegidos Álvaro Martínez, Óscar Bohórquez, Daniel Azcárate y Luis Fernando Ángel.

Los socios depositaron su confianza en ellos en la asamblea y los directivos tienen que demostrar que sin María Clara también son capaces de hacer empresa.

Volteemos la página. María Clara ya es pasado en el Cali. Si Azcárate, a quien ella considera como su hijo, y Bohórquez deciden irse, habrá hecatombe. Pero si optan por continuar en el Comité, tendrán que trabajar mancomunadamente con Martínez y Ángel para salir avante de esta crisis interna, redefinir los costos del equipo y optimizar los recursos PROPIOS.

Eso es posible. ¿O cómo funcionaba el Cali antes de María Clara?

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